Después de algunos años realizando proyectos de mejora continua en distintas empresas he detectado que las empresas no potencian esta herramienta como es debido. ¿El por qué?…, muy sencillo, no tienen en cuenta una parte esencial de las distintas fuentes que existen. No hablo ya de los propios departamentos técnicos o de calidad o de mejora continua (si existen) o de lo que se puede aprender de los clientes y/o competidores mediante herramientas como el benchmarking o la vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva (VT/IC)…, hablo de la principal fuente de propuestas de mejora que existe en las empresa, el propio personal o en otras palabras los trabajadores y operarios.
Quién mejor que las personas que se pasan 8 horas/día delante de las máquinas, delante de las herramientas y sistemas operativos utilizados en la empresa para detectar que problemas existen en su día a día y en consecuencia en el día a día de la empresa. Estas personas son las que están más capacitadas para detectar los problemas existentes, puede que no para dar una solución al problema (para eso existen los departamentos técnicos y de mejora continua), pero en mi dilatada experiencia he visto soluciones sencillas propuestas por los trabajadores que muchas veces dejan en evidencia a los departamentos dedicados a este campo y te hacen preguntar cómo no se detectó antes. Cabe recordar que sobre el papel todo se puede demostrar y es muy bonito pero el hecho de estar enfrentado 8 horas/día a la realidad hace ver las cosas desde otra perspectiva lo que provoca tener enfoques radicalmente opuestos que permiten detectar problemas y mejoras que en el papel no se ven.
¿Qué puede hacer una empresa para potenciar la captación de estas mejoras?… La verdad es que con el tiempo he llegado a la conclusión que la mejor manera es un programa de generación de propuestas gratificado. Remarco la palabra gratificado, ya que es importante, debido a que mucha gente no quiere dar a conocer sus mejoras por miedo a perder su conocimiento, por miedo a que no les escuchen, por miedo a que otro “se apunte el tanto” o por el simple hecho de que piensan ¿y qué gano yo con esto?, la gratificación de las propuestas realizadas permite que los trabajadores den estas ideas y propuestas a la empresa. Ésta puede ser de distintas formas: desde la más común que sería la económica hasta la oportunidad de poder conseguir un puesto mejor y de mayor responsabilidad e importancia.
Después de poner en práctico proyectos de esta índole en distintas empresas se han llegado a conseguir grandes mejoras que una vez aplicadas e implantadas han permitido ganar o ahorrar a las empresas miles de euros. Estas propuestas han sido en muchos campos, como por ejemplo:
- Reducción de los costes productivos.
- Reducción de los costes de no calidad (trabajos innecesarios, retrabajos, desplazamientos, rechazos internos, etc.).
- Mejora en calidad producto o del proceso y en consecuencia de la satisfacción del cliente.
- Reducción de riesgos laborales y mejora de la ergonomía de los puestos productivos.
- Reducción de los residuos generados y de los distintos consumos energéticos.
- Captación de acciones preventivas en todos los aspectos, que han permitido no repetir los problemas detectados en el futuro.
Y en todo caso, una vez detectada la necesidad de implantar un programa de captación de mejoras gratificado, cuáles deberían ser los pasos necesarios para llegar a un escenario correcto:
- Anunciar en la empresa en lanzamiento del proyecto mediante carteles y formaciones a todo el personal.
- Definir los puntos clave del programa:
- Definición de los premios que gratifican la aportación de mejoras.
- Definir el responsable del proyecto así como los participantes y las personas encargadas de valorar las propuestas.
- Definir el plan de comunicación interno de la evolución de las mejoras y el repartimiento de premios.
- Mucha comunicación y total coherencia en el mensaje y en la ejecución del proyecto.
- Decidir si realizar el proyecto con una colaboración externa responsable, una persona externa puede ser más objetiva y no tiene los lazos “sentimentales” que pueden tener el propio personal de la empresa. Además el personal externo aporta una visión “fresh eyes” (personal no directamente relacionado con el diseño o fabricación del producto).
- Y por último, garantizar la sostenibilidad a medio y largo plazo; a ninguna organización se le escapa la grata sorpresa de ver que su sistema dura un año, y otro, y otro… os aseguro que no quedan entonces ya resistencias que vencer:
En definitiva, las ventajas de un proyecto de este tipo son muchas: desde la mejora en la implicación, participación y motivación de todo el personal hasta la mejora en todos los procesos (productivos, diseño, calidad, medio ambiente, riesgos laborales, etc.), pasando claro está, en la parte económica. En forma de resumen, el siguiente gráfico:
























