El sentido común en la empresa

En las actuales empresas, casi todo está estudiado, analizado y evaluado y son pocas las variables dejadas al azar. Parece increíble, pero aún en estos días, sucede que en muchas empresas (grandes y pequeñas) se toman decisiones por tomarlas. Los gerentes o los máximos responsables de las decisiones finales, muchas veces supeditan las decisiones estratégicas o la orientación de sus negocios a su capricho y antojo en lugar de seguir con lo que el sentido común o sus colaboradores sugieren. Desafortunadamente, esta práctica genera descontrol, pérdidas, frustraciones y en muchos casos el cierre de la empresa. Decidir sin reflexionar tiende a ser costoso. En pleno siglo XXI, con todos los avances disponibles, aplicar en la gestión diaria de las empresas lo natural y lógico, como el sentido común, a veces se convierte en algo impensable y utópico.

¿Tan difícil es dejarse llevar por la lógica? Parece ser que en muchos casos así es. Se quiere inventar lo ya inventado y descubrir nuevos nombres y procesos para gestionar de manera distinta el futuro de la empresa y su capital humano. Cuando se deja de aplicar el sentido común en la gestión diaria de las empresas, el mayor daño que se produce es la desmotivación en la que cae el personal que lucha cada día por el futuro. Cada vez en menor medida, pertenecer a una empresa es motivo de orgullo entre sus trabajadores. El sentido común (por desgracia) tiende a ser muy poco común. Si se añade un ingrediente extra, el VALOR ECONÓMICO, se obtiene una valiosa herramienta de decisión empresarial. Si al tomar una decisión en la empresa, se usa esta herramienta se estará dando de manera muy natural, una mayor competitividad y eficiencia a nuestra empresa.

Toda empresa se fortalece y triunfa mediante el sentido común. Como dijo Napoleón Bonaparte: «para triunfar es necesario, más que nada, tener sentido común». El sentido común es lógica sensata, razonamiento práctico y la evidencia sencilla para resolver los problemas. Su aplicación se demuestra con sabiduría práctica, sin mucha sofisticación, pero de enorme utilidad. La manera como nos enseñaron a hacer ciertas cosas se vuelve común hasta que alguien encuentra una manera más simple o mejor para hacerlas. Al usar el sentido común se obtienen beneficios cómo: cambios en el modo de hacer algunas cosas; se entiende y mantiene una aguda visión sobre el cambio; se obtiene una sintonía con la vida (saber qué es lo correcto y lo incorrecto) y aumenta el compromiso de los trabajadores. Quien actúa con sentido común enseña a tener:

  • Una mente práctica y sana lógica: algunos principios y formas de hacer las cosas son absorbidos antes que aprendidos conscientemente. Se aprende más imitando que en enseñanza formal. En cierta manera, lo que otros hacen ―siempre que sea correcto― se convierte en una fuente de experiencia ya probada.
  • Una mente abierta: aún estando familiarizado con los procesos y metodologías de las empresas hay que mantener una mente abierta o la actitud permanente de aceptar lo nuevo y los cambios.

Los puntos a respetar para introducir el sentido común dentro de las empresas y así fortalecerlas son:

  • Aceptar los cambios o ajustes que el sentido común sugiera a medida que actúe. Es cierto que ninguna empresa puede sobrevivir sin ser parte de un plan, pero este no puede ser tan rígido que no escuche su corazón sugiriendo cosas de sentido común. Los planes sin el uso del sentido común son como leyes sin clemencia o la vida sin perdón.
  • Mantener el contacto con la realidad. Al perder el sentido común, se pierde el contacto con la realidad. El sentido común ayuda a mantener el punto de equilibrio. Se tiene que pensar dos veces y con seguridad, se estará actuando con sentido común.
  • Hacer lo que sabe que es correcto, eso es sentido común. Lo opuesto al sentido común es la estupidez. Un proverbio reza: El hombre que se conduce por fuera del sentido común va a la muerte.
  • Aprender a pensar de manera práctica. No siempre la educación proporciona sentido común. Algunas veces es tanta la educación que se recibe, que no se puede pensar de manera práctica. Con el sentido común se logra la credibilidad de los demás.
  • Ir más allá de lo común y la costumbre. Evite estancarse en un medio que tiende a volverlo mediocre, o corrupto. Rompa con esas barreras, use el sentido común.

La vida no fue creada para ser complicada. Cuando nos apartamos del sentido común, desaparece la sencillez de las cosas y nos perdemos en la confusión. Hay momentos en la vida en que perdemos el balance entre sus diferentes aspectos. Es posible que nuestras mentes estén bajo mucha presión, porque estamos muy ocupados o creciendo muy rápido. La intuición y las corazonadas son manifestaciones del sentido común, hay que ser sensibles a estas demostraciones que son nuestro sentido común.

La responsabilidad de introducir el sentido común en las empresas es de los dirigentes de las empresas. No dejarse llevar por actitudes personalistas, estar abierto al cambio, pensar que no se tiene la razón eterna, aceptar opiniones distintas, buscar la opinión de aquellos colaboradores que conocen mejor el tema, observar lo que ocurre en el entorno, reconocer equivocaciones y fallos, etc. Todo esto no sólo es positivo, también es algo sencillo y fácil si se busca, se entiende y se pretende conseguir que en la empresa impere algo tan sencillo, fácil y conocido por todos, pero de una extraña y complicada ausencia en muchas empresas, como es el denominado SENTIDO COMÚN. Aunque ya se sabe ese viejo dicho español que dice: El sentido común es el menos común de los sentidos.

Los dirigentes tienen que ser líderes… Existen muchas definiciones de líder, pero ninguna de ellas reúne todos los requisitos implícitos que conlleva su tarea. De entre ellas, las que mejor definen (a mi entender) el carácter y espíritu que debe reunir el dirigente de una empresa son éstas: “líder es aquella persona que se rodea de líderes”; “líder es aquella persona que se rodea de gente que dice la verdad” y, last but not least, “líder es aquella persona que conoce y aplica en su gestión el sentido común”.

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